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El retorno de Trump y la competencia global por el desarrollo de la IA

Por Martín Rafael López

Lic. Estudios Internacionales / IAPE

En un mundo carente de orden y donde los poderes preeminentes se encuentran la mayor parte del tiempo enfrentados, confrontando o en situación de guerra, la competencia por el liderazgo en el desarrollo del segmento tecnológico y, particularmente, de la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una disputa de índole global.

En un contexto de cambios globales sin precedentes, Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo y líderes en inversión en innovación y desarrollo de la IA, se encuentran en una posición de competencia estratégica que alterna situaciones ambivalentes de cooperación o rivalización.

Por un lado, de manera formal, impulsan una diplomacia amigable y atractiva que promueve la “democratización tecnológica” a través de incipientes y tímidos consensos en foros y convenciones internacionales (por ejemplo, en el marco de la Cumbre de San Francisco de 2023 o en el Foro de Davos de 2024). Pero, por otro lado, erigen nuevas barreras soberanas o fronteras tecnológicas aduciendo el resguardo de su seguridad nacional frente a la competencia desleal y las prácticas de espionaje. Prácticas mediante las cuales se socava y altera el desarrollo nacional de sus componentes tecnológicos y se generan perjuicios en el registro de su propiedad intelectual y patentamiento.

Frente a este panorama, una de las últimas medidas tomadas por el ex mandatario estadounidense Joe Biden consistió en el anunció de reglas de exportación para los chips informáticos utilizados para IA. Estas restricciones se sumaban a las regulaciones ya implementadas en los años 2022 y 2023 para restringir el envío de ciertos componentes y procesadores avanzados a una serie de países, incluido China.

En un claro acto de diferenciación de su predecesor y con el apoyo visible del establishment tecnológico, Donald Trump anunció la derogación de dicha medida y la alianza entre las empresas OpenAI, Oracle y Softbank para invertir hasta 500.000 millones de dólares en infraestructuras de IA.

Respecto al estado actual de desarrollo de la IA a nivel global, según un reporte elaborado por Visual Capitalist, Estados Unidos lidera el podio de empresas emergentes de IA al contar con 5.509 de las mismas, seguido por China que cuenta con 1.446.

Una brecha significativa

Esta brecha significativa representa una ventaja comparativa para EE UU y un desafío estratégico para el liderazgo chino que observa atentamente los pasos de su competidor.

En este sentido, después de que OpenAI lanzara ChatGPT en el año 2022, muchas empresas chinas respondieron rápidamente con el desarrollo de sus propios modelos lingüísticos a gran escala, como “Wenxin Yiyan” de Baidu y “Tongyi Qianwen” de Alibaba, entre otros productos.

Sin embargo, la brecha continúa siendo asimétrica. A diferencia de la tecnología de armas nucleares, el progreso de la tecnología de la IA no solo se basa en innovaciones tecnológicas de “hardware” como los chips sino que también se requiere de la innovación y optimización en profundidad de la “big data”, campos en los que China aún posee limitaciones.

Por caso, en comparación con los modelos de lenguaje avanzados norteamericanos como ChatGPT4, Gemini (Google) y Copilot (Microsoft) que internacionalizaron sus prestaciones, los productos chinos se limitan a su comercialización principalmente en su mercado nacional.

Otra limitante en la cuestión refiere a las posibilidades de “aprendizaje” que tienen los modelos chinos frente a los occidentales. Esto, debido a que el contenido en inglés representa casi el 60% de Internet a nivel global, mientras que el chino solo el 2% según los datos relevados por la consultora mencionada anteriormente. Por lo tanto, los modelos de lenguaje chinos se ven obligados a estudiar exhaustivamente el contenido en inglés para obtener insumos que le permitan perfeccionar y modernizar su propio desarrollo.

Continuando con el análisis de los datos reportados, también resulta pertinente señalar que el total de empresas emergentes de IA estadounidenses y chinas superan con creces a la suma del conjunto de empresas que poseen los 10 países que continúan en el ranking elaborado y que incluyen al Reino Unido, Israel, Canadá, Francia, India, Japón, Alemania, Singapur, Corea del Sur y Australia.

Esto señala otra gran asimetría, pero en este caso respecto a la posición de liderazgo de ambos países frente al resto del mundo en el campo de la gobernanza de la inteligencia artificial.

Por lo tanto, esto confirma que la regulación en el desarrollo de esta nueva tecnología dependerá ineludiblemente de los posibles acuerdos o consensos que puedan alcanzar ambas “tecnopotencias”.

Aunque la IA representa solo un segmento del Poder Nacional integral de un Estado, su consideración resulta de sumo interés debido a los cambios disruptivos que genera su implementación.

Como bien reflexionaba el experto Henry Kissinger, en una entrevista para la revista británica The Economist en el año 2023, el rápido progreso de la IA le proporciona a EE UU y China un margen de 5 a 10 años para encontrar una manera de llegar a un acuerdo, el cual exige “líderes responsables” que al menos intenten evitar el conflicto.

El ex secretario de Estado y asesor de la Casa Blanca, consideraba que estamos vivenciando el comienzo de una “ciberera” en la cual existen capacidades para las cuales todavía no se tiene una interpretación común o incluso una comprensión. En la misma, existen pocos límites y las máquinas tienen la capacidad suficiente para imponer desde una pandemia hasta otros nuevos tipos de catástrofes para la humanidad.

En este contexto y a modo de reflexión final, es dable advertir que, en la evolución de esta contienda global, la segunda administración de Donald Trump podría plantear un enfoque más reactivo que mantenga y aumente aún más la distancia estratégica alcanzada en el desarrollo de la IA.

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